LA LECCIÓN DE LOS EDIFICIOS
Al lado del conjunto donde vivo está surgiendo un edificio, hace casi un año que un puñado de valientes obreros trabaja día a día, hasta el anochecer. El edificio sube poco a poco, palmo a palmo, metro a metro.
Nunca había reparado de cerca en el complejo ritual de un edificio en construcción desde su base inicial.
Últimamente me he fijado en un detalle: en los andamios del edificio que se está levantando. Los andamios suben a medida que el edificio se eleva. Andamios modernos, con todas las condiciones de seguridad. Amontonar ladrillos, instalar ventanas y levantar paredes a no sé cuantos metros de altura, tiene sus riesgos, sus vértigos, sus peligros constantes. ¡Son unos valientes esos obreros de las grandes alturas! El edificio que he visto surgir desde sus fundamentos, está casi terminado: 15 pisos. Y los andamios van desapareciendo gradualmente. Fueron útiles pero ya no se necesitan. Cumplieron su tarea. La parte externa del edificio ya se terminó. En el acabado interno donde los obreros trabajan ahora, no se necesitan andamios.
Acompañando de cerca el nacimiento de aquel gran edificio, la relación broto espontáneamente…
Dios es el verdadero arquitecto del universo, el gran ingeniero del mundo, de la vida. Pero el nos invita a colaborar con la construcción del mundo, de la historia, de la civilización.
Veo millones de seres empeñados seriamente en esta tarea que Dios nos señaló. Gente seria, comprometida con la obra, desde los pies a la cabeza.
Pienso en mi misma me siento como un andamio…. Andamio de ayuda, andamio de servicio.
El edificio de la vida, del mundo, de la historia… es Dios quien lo construye básicamente. Como arquitecto principal, como ingeniero jefe. Nosotros, hombres entramos como andamios…
El andamio no es esencial pero ayuda, complementa.
Por lo tanto el andamio es sublime, dócil, sincero, leal presta el servicio, cumple la tarea y después se retira o lo retiran…
Señor a veces quiero hacer todo sin ti.
Otras veces pienso que Tú realizas todo solo y no necesitas de mí.
Que yo aprenda, Señor,
La lección de los edificios:
¡Mi papel es ser andamio!
¡Humilde, pero necesario en la construcción de la vida, del mundo, de la civilización!
Es tan agradable ser andamio, un sencillo andamio, nada más…