Entre tantos asuntos, reuniones y almuerzos hablando de lo mismo, sentí perder eso que me hace sentir Alguien, los asuntos no dan espera, reconciliándome con algo que no quiero perder y sin pedir más explicaciones , ni hacer reclamos, solo las palabras que brotan de adentro como un grito de auxilio de alguien que no quiere morir, eso es lo que se desprende de un sola frase que se lee, y se hurta, cuando vi un retrato de hace muchos años con los ojos tan brillantes como nunca pensé tenerlos y con la tristeza a flor de piel, sentí que en algún lugar de este largo camino había decidido escoger la opción más difícil y complicada y la cual traería problemas a mi vida, no conozco la cárcel, pero considero que no debe ser menos terrible que estar preso en sí mismo, antes y sin decir que era mejor , puedo afirmar que era menos difícil, que complicado mantenerse de pie, sin que la vida y sus azares pongan a prueba mi paciencia y me obliguen a agachar la cabeza, diciéndome en un tono alto y enfurecido, que no puedo hacer lo que se me dé la gana, pero de que otra forma he de aprender a agachar la cabeza, de que otra forma podre admitir que poseo esa arrogancia brutal que me condena a sentir profundas ganas de llorar, y si no me atrevo a reconocer que soy tan vulnerable y sensible como cualquier otra persona, pero es tanta la rudeza con la que se me trata, no es el trato que escogí, que difícil es asumir que se toman decisiones equivocadas, que difícil es ver adelante e imaginarse toda un vida de la misma forma, y lo es más difícil reconocer que no hay marcha atrás, es como buscar en un baúl de recuerdos de alguien que muere, para ver que se salva o para rescatar lo que más valor tenga, pero solo es vánatela de algún sentimental, que alguien ha tratado infructuosamente de reconciliarme con Dios y que lo he intentado pero el tiempo pasa abofeteándome cada vez más fuerte, y entonces me olvida que pacto de no agresión y llego al mismo punto de donde partí, y de esta forma me condeno a no aprender la lección y seguir creyendo sin creer, en este silencio, no he de buscar un hombro para llorar, siento que esperare a resucitar de la muerte, dispuesta a pagar la condena por las decisiones, y con la conciencia de seguir errando, pues los maestros que he tenido son tan humanos como yo y el llanto que derramo es solo resultado de mis decisiones y la gran colaboración del azar, porque Dios ya debe sentir por mí lo que siento yo por el, y eso es lo que realmente me preocupa no poder no creer en Dios, ni tampoco creer en él, ya no agradezco en las mañanas por ese nuevo Día, ni les digo a mis amigos que Dios te bendiga, ni encomiendo lo que hago a él, no parece complicado, pero sí lo es cuando no tengo la capacidad de creer en mí, y entonces en que creo, en quien creo, y es aquí cuando siento las consecuencias de la decisión que tome de no buscar un hombro para llorar, porque estoy llorando sola y seria menos difícil si no lo estuviera, tal vez el día que deje de exigirme cosas, pueda valorar la compañía que tengo al lado, su sencillez, y sus palabras, pero mientras eso pasa, seguiré llorando sola, escribiendo, y publicando en un blog que nadie lee, gracias a Dios.